LA COLMENA
CAPITULO 3
"La carta"
Hallábanse Clavelo y su guía parados tras la enorme puerta, de frente a un largo pasillo tapizado. A lo lejos se divisaba lo que parecía ser el depósito, lleno de grandes recipientes con la miel de la mejor calidad. Hacia los costados del pasillo estaban dispuestas grandes salas donde varios cientos de abejas de toda clase hacían labores administrativas bulliciosamente y, sobre el depósito, un balcón con un brillante velo negro.
- ¿Qué es lo que hay allá? - preguntó Clavelo a su guía apuntando al balcón mientras caminaban.
- Ya lo verás - dijo en un tono misterioso.
- Estoy muy nervioso - dijo Clavelo - Hoy hablé con Jazmín y finalmente decidí venir a ver de qué se trata todo esto.
- Me llamo Clavelo, ¿y tú? - preguntó a su guía.
- Yo Zahra. Mucho gusto - contestó, como sintiendo que se había roto el hielo que había entre ellos.
A medida que ambos caminaban, desde los costados, muchas miradas se dirigían hacia ambos. Murmullos imposibles de descifrar se generaban a su paso, y más de alguna abeja descuidada soltaba un fuerte "Mira! ahí va!", adompañado de algún dedo apuntanto.
- Me imagino que ya sabes por qué estoy acá - dijo Clavelo, como queriendo sacar algo de información.
- Sí lo sé. Me han ordenado no hablar por razones de seguridad y de orden público - contestó Zahra mirando al frente - Ya falta poco. Ten paciencia - Agregó.
Al final del largo pasillo había una larga escalera en caracol, que bajaba hasta donde ya la vista no lograba llegar. Junto a la baranda había un canasto lleno de cachibaches de todo tipo, una mesa y un guardia durmiendo profundamente junto a ella.
- Aquí nos separamos tú y yo - dijo Zahra
- ¡GUARDIA! - gritó
El guardia, claramente ya acabado por los años, se incorporó violentamente, hizo el saludo correspondiente, púsose de pie junto a Clavelo.
- Los bolsillos - dijo el guardia
- Vacie sus bolsillos dentro del canasto - dijo a Clavelo mientras Zahra daba media vuelta y partía.
- ¿Nos volveremos a ver? - preguntó a Zahra
- De eso estoy segura - contestó de espaldas mientras caminaba hacia el pasillo y hacía un ademán con su pata derecha, despidiéndose.
- ¿Está usted listo, joven? - peguntó el guardia
- Sí - contestó clavelo, mostrando sus bolsillos vacíos al anciano.
- Pues baje usted entonces - dijo apuntando la escalera - Lo han estado esperando - agregó
Un escalón tras otro, la larga escalera parecía jamás terminar. Tampoco parecía divisarse abajo a lo lejos el fin. Tan sólo continuaba y continuaba paso tras paso. Después de unos largos tres o cuatro minutos de descenso ininterrumpido, comenzó súbitamente a hacer mucho frío en el lugar. La tenue luz que llegaba desde el piso superior ya comenzaba a atenuarse más y más. Hasta que finalmente la obscuridad se hizo total. Cada escalón lo pisaba a tientas tratado de no caer. Súbitamente la escalera terminó su vertiginoso recorrido.
Inmediatamente terminado el descenso, una luz iluminó el piso. Un enorme cuarto vacío y una puerta, iluminada intensamente.
La puerta se abrió de golpe y tras ésta, un par de abejorros sentados frente a una mesa redonda.
- Tome asiento, por favor - dijeron al unísono
Clavelo entró y se sentó en una cómoda silla que parecía estar allí para él. Inmediatamente después, pusieron frente a él un sobre sellado. El sobre estaba en perfectas condiciones, y se podía sentir que en su interior tan sólo había un montón de papeles. Mientras lo examinaba, uno de los abejorros intervino.
- El sobre es para usted - dijo tomándolo y volteándolo.
En el reverso había una inscripción hecha a mano. Con letra perfectamente legible decía
Clavelo - Depósito catorce
Sin ya poder contener su curiosidad Clavelo abrió el sobre y revisó nerviosamente el interior. Un par de fotos de un pequeño bebé, algunos pétalos secos y una carta. Sin dudarlo Clavelo comenzó a leer.
"Querido Clavelo:
Si estás leyendo esta carta es porque algo me ha ocurrido. Lamento profundamente que esto tenga que haber sido así, pero créeme que no ha podido ser de otra manera...
- ¿Quién me escrbió esto? - preguntó extrañado a uno de los abejorros.
- Continua leyendo - contestó
...Debes saberlo. Una madre ama a un hijo por sobre todas las cosas. Quiero que tengas lo que te corresponde. Hoy mismo deben cumplirse mis deseos. Jazmín es muy Joven para tomar mi lugar aún, y tu eres quien debe sucederme hasta que tu cociencia te diga que ha sido suficiente. Confío en que harás lo correcto.
LA REINA
La vista se comenzó a nublar. Los oídos comenzaron a emitir un extraño zumbido y su cuerpo se sintió extraño. Las luces se apagaron... el montón de papeles cayó al piso. Clavelo se había desmayado.
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FIN PARTE 03
A pedido de mis fielas lectoras
la Sara (Zahra) y la Yita (por venir...)
ESPERO SUS COMENTARIOS
ATTE
CHUCK
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